jueves, 8 de octubre de 2009

¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo?


¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo?

Viaje por el mundo de las preguntas sin respuesta


Por: David Esquivel


En algún lugar de un libro antiguo que lleva por título Confesiones, un viejo filósofo llamado Agustín, se dio a la tarea de responder a una pregunta ciertamente compleja ¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo? Por supuesto, la pregunta implica ya otra pregunta: ¿quien es Dios? Invertir más de treinta segundos intentando responder cosas semejantes en los tiempos que corren resultará para muchos una absoluta pérdida de tiempo (A Dios lo mató Nietzche hace rato y sanseacabó). Seamos optimistas y supongamos que TÚ, ocioso y por lo mismo bienaventurado lector de Los perros del Alba eres un individuo de buen talante y ánimo inquisitivo cuya capacidad de asombro continúa vigente. Siendo así, supongo que ya habrás formulado algunas imágenes en tu cabeza producidas por la conjunción de esas cuatro letras: D-I-O-S. La memoria comienza a trabajar y es posible que recuerdes a tu maestra de catecismo, a tu madre o para los más contemporáneos, aquel capítulo de Los Simpson en el que Homero prefiere quedarse en casa para ver football y beber cerveza en lugar de ir a misa y termina con una revelación de carácter místico: Dios es un viejo bonachón de bata blanca que vive en una nube, lleva la barba larga y cana y usa huaraches.


El proceso mediante el cual hemos llegado a tener tal imagen de Dios es ciertamente complejo. De entre las tres más grandes religiones del mundo occidental como son el judaísmo, el islam y el cristianismo, sólo esta última cuenta con una imagen más o menos definida de Dios a partir de lo que se ha denominado el esquema trinitario, formado por las figuras del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aún hoy en el mundo cristiano, la representación de la imagen de Dios padre bajo la forma de un anciano barbado, la paloma como Espíritu Santo y Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre es aceptada de forma canónica, sin embargo, esto no siempre fue así. Como sabemos, el cristianismo surge como una nueva religión en el seno de otra más antigua como lo es el Judaísmo. Dentro del Judaísmo y tal como puede leerse en el conjunto de libros sagrados que forman la Torá, la representación de Dios queda terminantemente prohibida (lo mismo sucede en el Islam). No por nada, cuando Moisés es elegido para comunicar los mandamientos de la ley, Dios se manifiesta de forma ambigua, como una zarza ardiente o una voz que, a la pregunta por su identidad, responde simplemente: Yo soy el que soy.


El evento que vino a cambiar de forma radical la concepción de Dios que hasta entonces se desarrollaba en el Judaísmo fue sin lugar a dudas el nacimiento de Cristo. Misterio tremendo en el que se devanaron los sesos y las almas de tantos seres humanos, aquel por el cual un Dios es capaz de hacerse hombre y habitar entre los mortales. Un Dios que es Dios y es hombre. Un Dios que es Uno y tres al mismo tiempo (Lo cual implica un conflicto todavía más grande ¿cómo lo representamos?) . Los avatares que rodearon a esta idea son muchos, desde el primer instante de su postulación (que se atribuye a Tertuliano, alrededor de 215 d.C) algunos intelectos filosóficos recelaron de ella. De esa forma fueron surgiendo distintas interpretaciones y representaciones de la figura de Dios que a la postre llevaron el nombre de herejías. El catálogo de herejías o ideas que iban en contra del Credo oficial es inmenso. Muchas de ellas enfocaron su atención al problema de la trinidad y el conflicto racional surgido de sus propias contradicciones, las cuales, en muchas ocasiones fueron solucionadas por vías menos complejas, Creo porque es absurdo, llego a afirmar el mismo Tertuliano. Para algunas herejías como el adopcionismo, Cristo era un ser humano de una calidad infinita elegido por Dios padre para su misión en la tierra, más no un Dios por sí mismo. Para el docetismo, en cambio, el ser que sufrió y pereció en la cruz no pudo haber sido sino una especie de holograma, la imagen ilusoria de una naturaleza divina y superior incapaz de sufrir castigo corporal. Los Arrianos por su parte, defendieron la idea de Cristo como una creación ad hoc hecha por el padre, y cuya naturaleza no era compartida. La historia del cristianismo es sus inicios es una encarnizada lucha argumental (y en ocasiones física y violenta) por definir al símbolo sobre el cual habría de depositarse la fe millones de seres humanos.


Si nos alejamos por un segundo de la teología y la política y damos rienda suelta a nuestros propios pensamientos, podemos regresar al planteamiento con el que comenzamos este escrito: La pregunta, ¿qué hacía Dios antes de crear el mundo? De aceptar el juego, podemos entonces comenzar a lanzar algunas hipótesis y, si a Dios no le molesta, seamos como el abuelo de barbas largas que se dispone a contar un cuento a la luz de la fogata. Luego pensemos en Dios como un artesano. Aunque la idea no sea del todo nueva, imaginemos un Dios con una mente y unas manos capaces de crear objetos vivientes a partir de la materia, sea ésta barro primigenio, paja o masa de maíz. Dios nos ha tomado entre sus manos y nos ha modelado, (algunos pensarían que a su imagen y semejanza), después, con artilugios que pueden variar, dependiendo de la cultura que haya creado el mito, Dios le ha dado vida al hombre. Con un soplo, con una chispa, con una palabra...


En el libro primero del Génesis o “libro de la creación” puede leerse: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: Haya Luz, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamo Dios a luz “día”, y a la oscuridad la llamó “noche” y atardeció y amaneció: día primero...” Según la más antigua tradición Judía, Dios ha creado el mundo con palabras. En el principio, dice el evangelio de San Juan, era el Logos, y el logos estaba ante Dios, y el logos (la palabra en griego. Dabar, el verbo para los hebreos) era Dios. Dios dice y entonces las cosas y el mundo son, tienen lugar. ¿Pero es que acaso Dios era una especie de místico poeta? Uno que por vez primera fue capaz de hacer cosas con palabras. Tal vez por eso las palabras han tenido desde entonces un cariz sagrado, como dice Borges en un poema titulado El Golem:


Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.



El mismo Borges escribe unos versos más adelante que los artificios y el candor del hombre no tienen fin. Conociendo el poder oculto tras las letras que cifran el nombre de Dios el rabí Judá León del poema de Borges se dio a la tarea de realizar extrañas permutaciones de letras y palabras que le otorgaron un poder maravilloso, la capacidad de crear la vida, de ser como Dios.



La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.



Pero en algo falló Judá León, pues su creación resultó torpe y contrahecha pues “con sus ojos menos de hombre que de perro y harto menos de perro que de cosa”, apenas era capaz de barrer la sinagoga. El Golem es un ser que por maravillosos artificios literarios, se compara al primer hombre creado por Dios. El aprendiz de creador se ha equivocado y la angustia se apodera de él: ¿Cómo -se pregunta Judá-, pude engendrar este penoso hijo y la inacción dejé, que es la cordura? La idea es ciertamente escalofriante, sobre todo si, desconfiados, comenzamos a mirar a todos lados en busca de aquel que sin dominar el arte, por soledad o aburrimiento, se dispuso a crearnos a nosotros en el principio de la historia. (¿quien fue nuestro Rabí Juda Léon?) Un pesimista genial como lo fue Èmile Cioran, ya apuntaba en algún momento, de forma irónica, que quizá la historia del Génesis habría de mirarse con otros ojos y en otro orden. En efecto, Dios ha creado el universo en seis días y ha descansado el séptimo. Y si ha sido así es porque cada acto creador se llevaba una parte de él y de su energía. Al llegar al sexto día, en el que ha creado al hombre, Dios se encontraba profundamente cansado. De ahí la calidad de la obra.



Preguntémonos entonces, ¿es posible que no sea cierto que Dios haya creado el mundo en seis días? A reserva del miedo que puede provocarnos el caer fulminados inmediatamente, pensemos por un momento en las implicaciones de tal afirmación. ¿Por qué seis días y no cuatro o tres? ¿Los dioses se cansan? ¿Tendría Dios algo a la mano en el momento de la creación? Crear, hacer, pensar, construir, imaginar, hablar... ¿qué implicaciones misteriosas y profundas tendrán esos verbos en la mente de Dios? Desde luego parece ser que nuestra mente nos ha llevado al límite último del misterio.

Desde muy joven y aún sin ser cristiano, Agustín mostró una gran avidez por temas filosóficos. Ya maduro, dedicó buena parte de su tiempo a componer un libro autobiográfico que llevó por título Confesiones, una obra en donde desarrolló sus preocupaciones más profundas, desde la compleja naturaleza del ser humano, (Un ser caído y más bien tendiente al mal), hasta el problema de la creación del mundo, el tiempo, el espacio y la eternidad. Con el tiempo, Agustín llegó a convertirse en una autoridad cuya opinión influyó fuertemente en el rumbo futuro de la Iglesia como institución. Como “Padre de la Iglesia”, las ideas de Agustín sirvieron para construir un canon de creencias con bases filosóficas. La originalidad de Agustín como filósofo ha sido cuestionada en la medida en que sus ideas, convertidas a la postre en dogmas, fueron utilizadas para apuntalar el edificio canónico de una institución, en un momento en que la filosofía no era sino una sierva de la teología. Tan extrema ha sido esta idea que algunos incluso ven en Agustín a un perseguidor de herejes. Sin embargo resulta imposible afirmar algo así, cuando se realiza una lectura atenta de ciertos pasajes de sus Confesiones, en donde manifiesta una inquietud auténtica por sondear los abismos del alma humana en busca de respuestas.

El libro once de las Confesiones, está estructurado bajo la pregunta con la que comenzábamos este texto. ¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo? Agustín piensa en las escrituras como selvas oscuras y sombrías a las que por años se han retirado “místicos siervos”, en busca de un lugar para apacentarse, rumiando el sentido de sus palabras. Sin conocimiento y sin la guía de la razón es muy fácil perderse en esos parajes. Como muchos otros pensadores que le precederán, Agustín sospecha de la natural tendencia humana a reducir todo fenómeno de la experiencia a categorías que le sean comprensibles. Borges las llamará prisión, y muchos siglos después, para un filósofo como Kant, serán las condiciones de toda experiencia posible.

Gradualmente se vio (como nosotros)
Aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.



¿Será posible que esas mismas categorías puedan aplicarse a Dios? Sigamos de cerca a Agustín, respondamos afirmativamente, y si Dios no le molesta la reductio ad absurdum, aceptemos que Dios se encuentra en un lugar y un tiempo, nosotros aquí y Él allá, donde quiera que sea ese allá (la mayoría diría: en el cielo). Si Dios es el inteligente arquitecto del universo, irremediablemente tendríamos que pensar en el origen de los materiales con que se llevó a cabo la construcción y los procedimientos empleados (la misma pregunta aplica para las ideas de Dios alfarero, Dios relojero, Dios matemático, etc.) Resulta un dato curioso pero si hacemos una lectura literal del primer pasaje del Génesis nos encontramos con un problema gordo dado que el texto dice que Dios creo los cielos y la tierra para después, separar la tierra de las aguas... ¿Puede alguien responder de dónde vinieron las aguas? ¿Acaso preexistían?. De continuar con una argumentación similar tendríamos que problematizar si Dios tiene una forma y si tiene un rostro y manos y voz. Si su cuerpo es similar al nuestro, -sólo más grande, fuerte y perfecto, como dibujaban los griegos a sus Dioses-, luego entonces Dios se mueve, va de un lugar a otro, pastorea su rebaño durante cuarenta años por inhóspitos desiertos. Observa su creación y juega con ella, como haría un niño en un arenero, arroja un poco de agua y crea un diluvio. O bien, tal como lo describen otros pasajes del testamento antiguo, Dios puede SER COMO un padre amoroso, o un tirano de carácter complejo que duda, ignora, se encoleriza y a veces se distrae. (Si eso no fuera posible no habrían sucedido las historias humanas más interesantes). ¿Y antes de crear el mundo? Teniendo tanto espacio vacío solo para él, tanto tiempo y siendo Dios... Tal vez pensaba, hilaba historias, se cansaba, dormía y soñaba, (o sigue soñando y en su sueño estamos nosotros, quiera Dios que Dios no sueñe que sueña), creaba infinitos mundos para luego des hacerlos, se desdoblaba en tres y en instante volvía a ser uno... se paraba de cabeza, jugaba solitario, modelaba huesos de dinosaurios y otros mastodontes y luego los enterraba, hacía flexiones, repasaba en su cabeza la música de las esferas celestes... se moría de soledad y aburrimiento y sólo por eso creo una esfera densa y compacta hecha de plastilina cósmica, de hidrógeno y helio según los físicos... Y vio Dios que era buena, pero no tanto, se cansó de jugar con ella y cuando la aplastó con su mano enorme la bolita de desparramó por el espacio en un silencioso Big Bang.

Agustín nos haría pensar con un poco más de calma. Efectivamente, si intentamos responder a la pregunta ¿qué hacía Dios antes de crear el mundo?, haciendo uso de nuestras categorías humanas, es posible formular gran cantidad respuestas (todas viables en principio). Las preguntas fundamentales parecen requerir un poco más de tiempo para ser digeridas, al mismo tiempo, es recomendable ejercer la duda y nuestra capacidad para suspender por un momento nuestros conceptos previamente adquiridos. Ante la pregunta, ¿qué hacía Dios antes de crear el mundo? Agustín duda y luego piensa en la posibilidad de un espacio y un tiempo anteriores y la creación. ¿Cómo serían estos? ¿Acaso podrían asemejarse al tiempo y al espacio humanos? Definitivamente no, responde Agustín. Si todo ha venido a Ser en un solo y mismo instante, y eso incluye al tiempo y al espacio, no había tiempo y espacio anterior a la creación en donde Dios pudiera hacer cualquier cosa, luego entonces, Dios no hacía nada. El argumento más fuerte de Agustín gira en torno a la imposibilidad de concebir a Dios dentro del régimen del Ser. Es Dios quien lleva el ser al ser en virtud de una voluntad que rebasa todo límite humano. Dios fue capaz de hacer surgir su creación de la nada y habrá de llevarla a la nada en algún momento de la historia (que es lineal y ha comenzado en ese único instante). El Dios de Agustín está más allá del ser y su potencia infinita hace hace existir, sin embargo, de él no puede predicarse la existencia a menos que pueda ubicarse más allá de toda existencia pensable, en la Eternidad.

Dice Borges en su Historia de la Eternidad, que el tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica, la Eternidad en cambio resulta ser más bien un juego o una fatigada esperanza, hija de los hombres. La Eternidad para Agustín es la morada de Dios en donde el tiempo no tiene cabida. De antemano habría que negar la posibilidad de que la Eternidad pudiera entenderse como un tiempo que se extiende infinitamente. El pasado y el futuro, así como el presente, no son sino un mismo instante, el tiempo siempre presente propio sólo del ser infinito, un instante pleno que es la síntesis de todos los tiempos.



La eternidad es la misma sustancia de Dios, que nada tiene mudable. En ella nada hay pasado, que ya no sea, nada hay futuro que todavía no sea. Allí no hay sino es. No hay allí fue o será porque lo que fue ya no es y lo que no será todavía no es. Y en la eternidad [de Dios] todo es, pura y simplemente.” (Confesiones, libro XI)



Queda ahí la respuesta de Agustín a quienes, como nosotros, se vieron abrasados por la acuciante pregunta ¿qué hacía Dios antes de crear el mundo? Como todo acto humano inserto en el tiempo, la respuesta es sólo provisional y resulta, más bien, la invitación a un viaje sin destino fijo. Tal es la naturaleza de aquellas preguntas que los humanos hemos llevado a cuestas desde el principio de los tiempos. Desde cualquier cronotopo y casi siempre, porque contamos con el tiempo y la soledad para formularlas. No sirven para nada, no dan de comer al mundo, y sobre todo no tienen respuesta, y sin embargo no podríamos llamarnos humanos sin ellas.













5 comentarios:

La Dolce V dijo...

Claro, diosito también era un bebón en sus ratos libres...
Recuerde que tengo una copia de su texto, así que cumpla sus promesas muajajaj(intento de extorsión).
Salú!

* dijo...

Cuando en una ocasión le preguntaron a San Agustín qué hacía Dios antes de crear el mundo, contestó: “Estaba creando un infierno para las personas que hacen preguntas como esa”.

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
CHACHARAS FILOSOFICAS


DESEANDOOS UNAS FIESTAS ENTRAÑABLES DE NAVIDAD 2009 ESPERO OS AGRADE EL POST POETIZADO DE CREPUSCULO.

José
ramón...

Pedacito sin Farol dijo...

Hey pues si no podemos salir de la "prisión del tiempo" y del "antes, depués, mientras, ahora, derecha, izquierda, yo, tú, aquellos, otros" que a cualquiera rompen la cabeza y suena como jugar twister... pues habrá qué mascar bien este chicle de tiempo que me late sabe a frutas y sacarle bien lo jugosito.
Hey!! Ya se qué hacía Dios antes de crear el mundo! Jugaba twister!!! con un tablero que en lugar de colores venían instrucciones de: antes, después, mientras, ahora, derecha, izquierda, tú, yo, otros, y demás acrobacias. Igual y en eso se cayó sobre "Otros" y de ahí un mundo medio aplastado, la evidencia está en los polos jaja
Pero... quién giraba el relojito??

Ah si! holas , ameno blog =)

Tlamaquitiliztli dijo...

Me gustó mucho su entrada señor, intentaré leerlo más seguido. saludos.